Una clase como tantas... Cuando un joven le pregunta a su docente como relata el artículo de Eco: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve? Esta interpelación se podría llegar a analizar desde una perspectiva sociológica. En primer lugar, Eco aclara que dicha pregunta es una impertinencia significativa. Este juicio seguramente que procede de mirar la educación desde un ángulo proveniente del programa institucional constitutivo de la modernidad del siglo XIX del que habla Dubet y que hoy se encuentra en declinación. Aquí cobra peso el primer eje en cuestión. Antes el profesor era fuente de autoridad y prestigio, eran aquellos que debían “moldear” a las generaciones más jóvenes como explicaba Durkheim. Sin embargo, ambas consideraciones hoy están en tela de juicio. Eco destaca que los jóvenes ya no piensan la escuela como el espacio “privilegiado” de socialización, el que les “abre la cabeza” -como diría un chico hoy. Esto se debe a que los medios de comunicación: radio y televisión, así como Internet están resquebrajando a la institución educativa como la poseedora y transmisora de saberes por excelencia. Ya ha perdido la escuela el carácter sagrado y desligado completamente del “mundo exterior” y es por ello que Eco propone que es necesario darle un sentido a lo extra-escolar dentro del ámbito áulico. Un sentido a las noticias que escuchan por televisión, al contenido presente en las páginas web en las que navegan, y esto se logra a través de una puesta en común mediante una discusión entre docentes y alumnos. Este es el desafío del profesor en su oficio y se vincula con el tercer eje propuesto. Se podría decir que hay que “democratizar” la enseñanza. No hay un poder que deviene de los docentes y se ejerce sobre los alumnos sino que se busca el diálogo, la reflexión entre ambos.
El límite de las pasiones al que se refería Durkheim cuando daba cuenta de la educación se encuentra desplazado hoy en día. Según Eco el estudiante quería “provocar” al docente. Y localiza esta provocación en una esfera de cierta violencia. Si antes era impensable ese cuestionamiento era porque la escuela tenía como piedra angular a la disciplina (Durkheim) Sin embargo, en la actualidad como destaca Deleuze se ha pasado de una sociedad disciplinar a una sociedad de control donde el poder se ejerce directamente a los individuos mediante el consumo de los sistemas de comunicación e información.
Inés Dussel destaca en el abordaje de la crisis de la transmisión la manera en que los bienes culturales (la tv, la computadora, etc.) sean pluralizado y las diferentes lecturas que este acontecimiento ha tenido al respecto. Esto estaría vinculado con el segundo eje: los contenidos curriculares. Ya que esta diversidad para algunos actúa en detrimento de la transmisión en el espacio escolar. Ante esto Eco expresa en su artículo que si bien en la más grande de las enciclopedias –haciendo referencia a Internet- así como en los mass media se da cuenta de lo que sucede en Irak, no dice porque sucede allí y no en otra parte: la perspectiva histórica solamente puede brindárselas la institución educativa. También aclara que está “casi todo” en Internet, ya que ese “casi” estaría en que la red no les provee de las herramientas adecuadas para saber “buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar” información. Es allí donde el profesor puede (y debe –diría Eco) intervenir para ayudarlos a los chicos.
El profesor está inmerso en una institución-cascarón como la define Antony Giddens a la escuela del hoy que no sabe como hacer frente a estas transformaciones que se están dando, donde solo el armazón estaría intacto. Ante este panorama, Eco apela a que el docente se adapte a dichos cambios y sugiere “enseñar el arte de la selección” en materia de las TIC´S y por qué no considerarlos, según mi opinión, como meros datos de la web hasta no darle un tratamiento adecuado que solo lo puede brindar un docente agregaría Eco, pero capacitado para tal tarea. Tenti establece que en estos tiempos sea hace necesario hablar de un orden co-producido, donde el diálogo y la interacción entre docentes y alumnos se hagan presentes. Es así como ve en la pregunta de ese estudiante (“Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?) una verdad a medias ya que a pesar de que el contexto en que se tiene que desarrollar este agente social es diferente al de décadas pasadas eso no quiere decir que ya no “sirva “ sino que tiene sumar ciertas habilidades y destrezas para “enfrentar” al mundo en que vive.
Para completar lo expuesto por el artículo y el tratamiento sociológico que se intentó dar al respecto, la nota de opinión suma un elemento icónico: una caricatura. Sin agotar los significados que presenta la misma –y desde mi punto de vista- se podría tratar de “traducir” dicho dibujo. En primer lugar, se puede ver la distancia entre el docente y los alumnos; además, la posición de las manos sobre el asiento más la mirada hacia abajo pueden ser índices de una frase que destaca Dussel de una de las investigaciones de Marcela Nicolazzo: “Los profesores se sientes demasiado lejos de sus alumnos, como habitantes de mundos opuestos: otros códigos culturales, otras expectativas, otras formas de entender el mundo y la vida (…)” (Dussel, 2006:162). Esto mismo es destacado por Tenti ( Tenti, 2007: 340). Pero este distanciamiento no se da horizontalmente sino que el docente está situado más arriba “en el aire” y los dos chicos en la superficie. Esto se podría llegar a entender como una resistencia a la pérdida de autoridad y en conjunto como la crisis de la identidad –ahora bien- colectiva de los docentes (que están afectados por los mismos sucesos que el profesor carituralizado). En este nuevo contexto que vela por un principio democrático que desplazó al de autoridad, como destaca Tiramonti, las relaciones de poder han cambiado. A su vez, uno de los jóvenes está mirando al profesor y el otro entretenido con una mesa, esta escena está muy lejos de lo que proponían los jesuitas con sus sistemas de control social y en donde había una imposición del orden en el salón que era cumplida por los estudiantes de manera rigurosa. Esto se produce además en el marco de un cambio de subjetividades de los jóvenes quienes a su vez poseen “condicionamientos sociales, familiares y escolares diferentes, que les proveen recursos, inhibiciones, habilitaciones, expectativas y miedos que se hacen presentes en los modos de abordar la construcción de sus futuros” (Tiramonti, 2006: 379)
El límite de las pasiones al que se refería Durkheim cuando daba cuenta de la educación se encuentra desplazado hoy en día. Según Eco el estudiante quería “provocar” al docente. Y localiza esta provocación en una esfera de cierta violencia. Si antes era impensable ese cuestionamiento era porque la escuela tenía como piedra angular a la disciplina (Durkheim) Sin embargo, en la actualidad como destaca Deleuze se ha pasado de una sociedad disciplinar a una sociedad de control donde el poder se ejerce directamente a los individuos mediante el consumo de los sistemas de comunicación e información.
Inés Dussel destaca en el abordaje de la crisis de la transmisión la manera en que los bienes culturales (la tv, la computadora, etc.) sean pluralizado y las diferentes lecturas que este acontecimiento ha tenido al respecto. Esto estaría vinculado con el segundo eje: los contenidos curriculares. Ya que esta diversidad para algunos actúa en detrimento de la transmisión en el espacio escolar. Ante esto Eco expresa en su artículo que si bien en la más grande de las enciclopedias –haciendo referencia a Internet- así como en los mass media se da cuenta de lo que sucede en Irak, no dice porque sucede allí y no en otra parte: la perspectiva histórica solamente puede brindárselas la institución educativa. También aclara que está “casi todo” en Internet, ya que ese “casi” estaría en que la red no les provee de las herramientas adecuadas para saber “buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar” información. Es allí donde el profesor puede (y debe –diría Eco) intervenir para ayudarlos a los chicos.
El profesor está inmerso en una institución-cascarón como la define Antony Giddens a la escuela del hoy que no sabe como hacer frente a estas transformaciones que se están dando, donde solo el armazón estaría intacto. Ante este panorama, Eco apela a que el docente se adapte a dichos cambios y sugiere “enseñar el arte de la selección” en materia de las TIC´S y por qué no considerarlos, según mi opinión, como meros datos de la web hasta no darle un tratamiento adecuado que solo lo puede brindar un docente agregaría Eco, pero capacitado para tal tarea. Tenti establece que en estos tiempos sea hace necesario hablar de un orden co-producido, donde el diálogo y la interacción entre docentes y alumnos se hagan presentes. Es así como ve en la pregunta de ese estudiante (“Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?) una verdad a medias ya que a pesar de que el contexto en que se tiene que desarrollar este agente social es diferente al de décadas pasadas eso no quiere decir que ya no “sirva “ sino que tiene sumar ciertas habilidades y destrezas para “enfrentar” al mundo en que vive.
Para completar lo expuesto por el artículo y el tratamiento sociológico que se intentó dar al respecto, la nota de opinión suma un elemento icónico: una caricatura. Sin agotar los significados que presenta la misma –y desde mi punto de vista- se podría tratar de “traducir” dicho dibujo. En primer lugar, se puede ver la distancia entre el docente y los alumnos; además, la posición de las manos sobre el asiento más la mirada hacia abajo pueden ser índices de una frase que destaca Dussel de una de las investigaciones de Marcela Nicolazzo: “Los profesores se sientes demasiado lejos de sus alumnos, como habitantes de mundos opuestos: otros códigos culturales, otras expectativas, otras formas de entender el mundo y la vida (…)” (Dussel, 2006:162). Esto mismo es destacado por Tenti ( Tenti, 2007: 340). Pero este distanciamiento no se da horizontalmente sino que el docente está situado más arriba “en el aire” y los dos chicos en la superficie. Esto se podría llegar a entender como una resistencia a la pérdida de autoridad y en conjunto como la crisis de la identidad –ahora bien- colectiva de los docentes (que están afectados por los mismos sucesos que el profesor carituralizado). En este nuevo contexto que vela por un principio democrático que desplazó al de autoridad, como destaca Tiramonti, las relaciones de poder han cambiado. A su vez, uno de los jóvenes está mirando al profesor y el otro entretenido con una mesa, esta escena está muy lejos de lo que proponían los jesuitas con sus sistemas de control social y en donde había una imposición del orden en el salón que era cumplida por los estudiantes de manera rigurosa. Esto se produce además en el marco de un cambio de subjetividades de los jóvenes quienes a su vez poseen “condicionamientos sociales, familiares y escolares diferentes, que les proveen recursos, inhibiciones, habilitaciones, expectativas y miedos que se hacen presentes en los modos de abordar la construcción de sus futuros” (Tiramonti, 2006: 379)