miércoles 19 de agosto de 2009

En el aula: observaciones de una observación desde una mirada sociológica

Una clase como tantas... Cuando un joven le pregunta a su docente como relata el artículo de Eco: “Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve? Esta interpelación se podría llegar a analizar desde una perspectiva sociológica. En primer lugar, Eco aclara que dicha pregunta es una impertinencia significativa. Este juicio seguramente que procede de mirar la educación desde un ángulo proveniente del programa institucional constitutivo de la modernidad del siglo XIX del que habla Dubet y que hoy se encuentra en declinación. Aquí cobra peso el primer eje en cuestión. Antes el profesor era fuente de autoridad y prestigio, eran aquellos que debían “moldear” a las generaciones más jóvenes como explicaba Durkheim. Sin embargo, ambas consideraciones hoy están en tela de juicio. Eco destaca que los jóvenes ya no piensan la escuela como el espacio “privilegiado” de socialización, el que les “abre la cabeza” -como diría un chico hoy. Esto se debe a que los medios de comunicación: radio y televisión, así como Internet están resquebrajando a la institución educativa como la poseedora y transmisora de saberes por excelencia. Ya ha perdido la escuela el carácter sagrado y desligado completamente del “mundo exterior” y es por ello que Eco propone que es necesario darle un sentido a lo extra-escolar dentro del ámbito áulico. Un sentido a las noticias que escuchan por televisión, al contenido presente en las páginas web en las que navegan, y esto se logra a través de una puesta en común mediante una discusión entre docentes y alumnos. Este es el desafío del profesor en su oficio y se vincula con el tercer eje propuesto. Se podría decir que hay que “democratizar” la enseñanza. No hay un poder que deviene de los docentes y se ejerce sobre los alumnos sino que se busca el diálogo, la reflexión entre ambos.
El límite de las pasiones al que se refería Durkheim cuando daba cuenta de la educación se encuentra desplazado hoy en día. Según Eco el estudiante quería “provocar” al docente. Y localiza esta provocación en una esfera de cierta violencia. Si antes era impensable ese cuestionamiento era porque la escuela tenía como piedra angular a la disciplina (Durkheim) Sin embargo, en la actualidad como destaca Deleuze se ha pasado de una sociedad disciplinar a una sociedad de control donde el poder se ejerce directamente a los individuos mediante el consumo de los sistemas de comunicación e información.
Inés Dussel destaca en el abordaje de la crisis de la transmisión la manera en que los bienes culturales (la tv, la computadora, etc.) sean pluralizado y las diferentes lecturas que este acontecimiento ha tenido al respecto. Esto estaría vinculado con el segundo eje: los contenidos curriculares. Ya que esta diversidad para algunos actúa en detrimento de la transmisión en el espacio escolar. Ante esto Eco expresa en su artículo que si bien en la más grande de las enciclopedias –haciendo referencia a Internet- así como en los mass media se da cuenta de lo que sucede en Irak, no dice porque sucede allí y no en otra parte: la perspectiva histórica solamente puede brindárselas la institución educativa. También aclara que está “casi todo” en Internet, ya que ese “casi” estaría en que la red no les provee de las herramientas adecuadas para saber “buscar, filtrar, seleccionar, aceptar o rechazar” información. Es allí donde el profesor puede (y debe –diría Eco) intervenir para ayudarlos a los chicos.
El profesor está inmerso en una institución-cascarón como la define Antony Giddens a la escuela del hoy que no sabe como hacer frente a estas transformaciones que se están dando, donde solo el armazón estaría intacto. Ante este panorama, Eco apela a que el docente se adapte a dichos cambios y sugiere “enseñar el arte de la selección” en materia de las TIC´S y por qué no considerarlos, según mi opinión, como meros datos de la web hasta no darle un tratamiento adecuado que solo lo puede brindar un docente agregaría Eco, pero capacitado para tal tarea. Tenti establece que en estos tiempos sea hace necesario hablar de un orden co-producido, donde el diálogo y la interacción entre docentes y alumnos se hagan presentes. Es así como ve en la pregunta de ese estudiante (“Disculpe, pero en la época de Internet, usted, ¿para qué sirve?) una verdad a medias ya que a pesar de que el contexto en que se tiene que desarrollar este agente social es diferente al de décadas pasadas eso no quiere decir que ya no “sirva “ sino que tiene sumar ciertas habilidades y destrezas para “enfrentar” al mundo en que vive.
Para completar lo expuesto por el artículo y el tratamiento sociológico que se intentó dar al respecto, la nota de opinión suma un elemento icónico: una caricatura. Sin agotar los significados que presenta la misma –y desde mi punto de vista- se podría tratar de “traducir” dicho dibujo. En primer lugar, se puede ver la distancia entre el docente y los alumnos; además, la posición de las manos sobre el asiento más la mirada hacia abajo pueden ser índices de una frase que destaca Dussel de una de las investigaciones de Marcela Nicolazzo: “Los profesores se sientes demasiado lejos de sus alumnos, como habitantes de mundos opuestos: otros códigos culturales, otras expectativas, otras formas de entender el mundo y la vida (…)” (Dussel, 2006:162). Esto mismo es destacado por Tenti ( Tenti, 2007: 340). Pero este distanciamiento no se da horizontalmente sino que el docente está situado más arriba “en el aire” y los dos chicos en la superficie. Esto se podría llegar a entender como una resistencia a la pérdida de autoridad y en conjunto como la crisis de la identidad –ahora bien- colectiva de los docentes (que están afectados por los mismos sucesos que el profesor carituralizado). En este nuevo contexto que vela por un principio democrático que desplazó al de autoridad, como destaca Tiramonti, las relaciones de poder han cambiado. A su vez, uno de los jóvenes está mirando al profesor y el otro entretenido con una mesa, esta escena está muy lejos de lo que proponían los jesuitas con sus sistemas de control social y en donde había una imposición del orden en el salón que era cumplida por los estudiantes de manera rigurosa. Esto se produce además en el marco de un cambio de subjetividades de los jóvenes quienes a su vez poseen “condicionamientos sociales, familiares y escolares diferentes, que les proveen recursos, inhibiciones, habilitaciones, expectativas y miedos que se hacen presentes en los modos de abordar la construcción de sus futuros” (Tiramonti, 2006: 379)

lunes 9 de marzo de 2009

Instituciones al servicio de la comunidad

Casa del joven: un lugar para todos

La institución depende de la Municipalidad de Esteban Echeverría situada en Monte Grande. Allí se realizan talleres de alfabetización gratuitos para jóvenes oyentes, sordos e hipoacúsicos. Es una casa ubicada en A. Rojas al 300. Está dividida en dos por un pequeño patio. Al frente está la secretaría y un aula dedicada al taller de cocina para oyentes y al fondo hay dos salas, una de computación y en la otra se llevan a cabo diversos talleres.
Los jóvenes sordos e hipoacúsicos trabajan sentados en ronda alrededor de una larga mesa. Tienen en sus manos una fotocopia. La tarea es relacionar las oraciones con las imágenes. Algunos le hacen preguntas a la profesora de sordos, Elizabeth Agüero. Ella les responde en lengua de señas.
En el aula de computación, los chicos más grandes terminan las tareas y se pasean por los pasillos que quedan entre las mesas. Las chicas están atentas al monitor. Toman el texto impreso que les dio Solange Casstelluccio, intérprete en lengua de señas y operadora en PC y tratan de transcribirlo en la hoja en blanco del Word. Graciela Andreu es psicóloga social, está a cargo de la Dirección de Juventud del municipio y es la máxima autoridad de “Casa del Joven”.

¿Cómo empezó el proyecto de alfabetización para sordos e hipoacúsicos en este municipio?

-Nosotros empezamos en enero del 2005 con un programa de alfabetización de La Nación para oyentes jóvenes y adultos. En agosto del 2005 se nos presentan chicos sordos e hipoacúsicos para entrar en alfabetización con la problemática que no sabían leer ni escribir. Entonces dijimos: ¿por qué no abrir un espacio para ellos dentro de este programa de alfabetización? Como el espacio fue inédito nos dieron muchísima colaboración del Ministerio de Educación de la Nación. Al principio, eran nueve o diez y bueno, entró a aumentar y a ninguno le decíamos que no porque no queríamos restarle la posibilidad. Ahora hay alrededor de cuarenta chicos de bajos recursos.

¿En qué lugar físico se estableció el centro?

-Esto empezó en mi casa pero se nos hizo el espacio chico. Después nos mudamos a la Municipalidad de Monte Grande del Partido de Esteban Echeverría en el área de cultura. Nos prestaron un salón que ellos lo utilizaban como depósito. Estuvimos trabajando durante dos años prácticamente y después cambió la gestión y nos dijeron que no tenían espacio. Esto pasó en octubre. Nosotros trabajamos noviembre y diciembre del año pasado en un lugar que nos prestó el sindicato de obreros. Era un espacio muy reducido pero nos acomodamos porque en realidad faltaban dos meses para terminar las clases.

¿Y este año que hicieron?

-En marzo, nos mudamos a la sede del Rotary de Luis Guillón. Un espacio hermoso, en un primer piso, muy amplio. Pero estábamos muy solas, alejados de todo lo que es la parte del centro. Entonces, cuando a mi me llaman en el mes de marzo para hacerme cargo de la dirección de Casa del Joven y veo que tengo que trabajar también los sábados, se me ocurre la posibilidad de traer a los chicos. Acá se dan cursos de computación, manualidades, peluquería, cosmetología, cocina, reparación de muebles, armado y reparado de calzado, electricidad, operador de PC y diseño gráfico. Todos estos cursos los da la municipalidad de forma gratuita. Entonces me surge la idea de que los chicos sordos puedan tener computación. Ahora, se creaba otro problema que es la computación en lengua de señas.

¿Qué sucedió?

-Entonces, hablo con la gente del Centro de Formación Profesional 401 y me dicen que no se consigue profesora. Pero al final se llega a conseguir las horas cátedras y Solange Catelluccio se presenta a concurso. Gana y el 4 de octubre empezó el curso de computación para sordos e hipoacúsicos. En estos dos meses y medio que le vamos a dar a los chicos va a ser una prueba piloto. Recién el curso propiamente dicho va a empezar el año que viene. Ya digamos con una evaluación de cómo están determinados chicos. Hay chicos que saben leer y escribir, hay chicos que casi no comprenden. Pero cada uno puede ir avanzando paulatinamente dentro de sus posibilidades. Sin frustrarlo, ni apurarlo ni tampoco amedrentarlo porque no es nuestra intención.

¿Qué otros talleres brindan además de computación?

-Parte de los chicos tiene la posibilidad de no solamente aprender computación sino que tienen una profesora de chicos sordos que es Elizabeth Agüero que es hipoacúsica y que está con nosotros desde que esto empezó y vamos a cumplir cuatro años juntas.

¿Con qué problemas se encuentran los docentes en estos talleres?

-Una problemática que sería bueno puntualizar es que las escuelas de chicos sordos no les enseñan a escribir ni a leer a los chicos. Esa es una falla enorme y no me tiembla la voz para decirlo. Porque en estos chicos la habilidad intelectual está.

Frente a esta problemática, en la actualidad: ¿con qué proyectos cuenta “Casa del Joven” para ofrecerles?

-Hay un proyecto de “globología” con una persona que les va a venir a enseñar y bueno, depende de si ellos se entusiasman. A lo mejor le pueden dar una salida laboral al chico con la cual podría colaborar en la casa y así también le queda un poquito de plata para él. También estamos queriendo comprar unos telares para las chicas porque a ellas les entusiasma todo el tema del tejido. Lo más importante es que los chicos acá tienen contención, tienen un espacio de aprendizaje, de recreación, de socialización y comunicación. Este es un lugar que quiere tener las mismas posibilidades que una escuela, más allá que no sea una escuela, nosotros lo que queremos es educar y darles los parámetros para que puedan socializarse afuera.

viernes 20 de febrero de 2009

Edición de artículos periodísticos

La vida como espectáculo: apariencias y representaciones

Antes de Internet y de los reality shows, Guy Debord tuvo la nítida intuición de que toda experiencia tendía a convertirse en un espectáculo para ser contemplado. La reedición de La sociedad del espectáculo permite revisar las influencias de un clásico subterráneo, reciclado en intervenciones políticas y artísticas, en paredes universitarias y en galerías de arte.
En 1967, sin haber visto Internet, los blogs, los reality, el Truman show, la Matrix y la caída de las Torres Gemelas en pantalla, Guy Debord anunció que toda experiencia vivida se había transformado en espectáculo y que todo lo que antes podía vivirse directamente se alejaba ahora en una representación.
La société du spectacle fue guía y corolario de la Internacional Situacionista que Debord impulsó entre 1958-72 como extensión y radicalización de la Internacional Letrista y del grupo Cobra, activos en los ’40. Una sociedad que acumula espectáculos, que encuentra en la vista el sentido humano privilegiado y que coloniza el tiempo libre bajo la pregunta “¿qué hay para ver hoy?”. El espectáculo: un capital en grado tal de acumulación que se transforma en imagen y en afirmación de la vida como simple apariencia. El espectáculo: una relación social entre sujetos alienados, mediatizados a través de imágenes y que contemplan una existencia que ya no les pertenece.
“La humanidad no será feliz hasta que el último burócrata no sea colgado con las tripas del último capitalista.” “No trabajen nunca.” Las consignas situacionistas se hicieron grafitis para el Mayo francés a un año de la publicación del libro de Debord. Para él, la “representación revolucionaria” de los trabajadores era parte esencial del espectáculo, factor y resultado de la falsificación de la vida: la representación se opone a los sujetos, anula su participación, crea más poder separado y nuevos propietarios en aparatos burocráticos que acaparan las prácticas sociales y monopolizan la capacidad de decisión y gestión. Son como castas reducidas que se apropian del conocimiento, la información, la producción material y simbólica de las mayorías y luego se los ofrecen a los mismos productores como espectáculo a consumir.
(...)
Fragmento de la edición propia del artículo periodístico escrito por Osvaldo Baigorria para Página 12: "Mirá lo que quedó" (26/10/08)

De cuento a crónica

Un espía federal dio muerte a dos oficiales de alto rango

Un espía federal acuchilló a un general y a un capitán de las tropas sureñas, una de las noches de la Guerra Civil Americana. Luego, él mismo fue fusilado.
El sargento Parker Adderson era un espía norteamericano norteño que había penetrado en el campamento del oficial de alto rango, General Clavering, disfrazado con el uniforme de soldado confederado para obtener información sobre el número de las tropas enemigas.
Esa noche tormentosa, luego de haber sido apresado, Adderson alias “el filósofo”, fue conducido por el soldado Tassman a una de las tiendas. Ésta era ordinaria y estaba alumbrada por una única vela embutida en el puño de un cuchillo. En la tienda, mientras se oía caer la lluvia a torrentes sobre la lona, el general Clavering comenzó a escribir un memorandum de la orden para ejecutar a Parker Adderson y se la entregó al soldado que lo cuidaba para que se lo lleve al Asistente.
El sargento federal parecía estar tranquilo según pudo apreciar el soldado Tassman antes de dejar la tienda. Mientras tanto, Clavering mantuvo una charla con Adderson. El general sureño le preguntó si quería ver al capellán. Sin embargo, el preso se negó. Luego de un breve silencio, comenzaron a hablar de la muerte y el dolor. Adderson estaba convencido que iba a morir al día siguiente. La conversación se interrumpió por la llegada de un oficial, el capitán Hasterlick, preboste. Clavering le explicó quien era ese hombre a su subalterno: “es un espía yanqui capturado dentro de nuestras líneas con documentos incriminatorios encima”. Luego, al ver que la tormenta había cesado le pidió al capitán que tome una fila de hombres para fusilar a Adderson. En ese momento, se escuchó el grito agudo del espía exclamando que debía morir al día siguiente. El general fríamente le dijo: “morirá ahora”.
El oficial sacó la espada y le señaló la salida de la tienda al prisionero. Ante la duda de Adderson, el oficial lo tomó del cuello y lo empujó hacia adelante. Sin embargo, al llegar al poste de la carpa, el espía se abalanzó sobre el capitán, le sacó el chuchillo de caza, lo desnudó de la funda y lo arrojó a un lado. Inmediatamente, saltó sobre el general y lo tiró al suelo. El capitán Hasterlick corrió en auxilio de su superior, pero se cayó antes de lograr su cometido. En ese momento, la carpa se les cayó encima. Seguían peleando.
Cuando el soldado Tassman volvió, se encontró con esta confusa lucha. Decidió bajar el rifle e intentó quitar las lonas de encima. Fue inútil. Por ello, descargó el rifle. Esto provocó la formación de filas con todos los soldados semidesnudos quienes levantaron la tienda caída y separaron a Clavering, Adderson y Hasterlick. A este último lo hallaron sin vida. El puño del cuchillo de campaña estaba clavado debajo del mentón. El general tenía dos heridas de espalda, una atravesando el muslo, la otra el hombro. El espía no había sufrido heridas graves y solo tenía quebrado el brazo derecho.
El general Clavering luego de haber recobrado la conciencia ordenó: “Lleven a aquel hombre a la plaza de armas y fusílenlo”. Así lo hicieron. Luego, el general acostado, pálido e inmóvil, también murió.

De cuento a testimonio

Relato testimonial del cuento: “Las flores del argelino”de Margarite Duras

"Hoy, un día soleado de domingo, a la diez de la mañana venía del mercado de Buci. Estaba caminando por el cruce de las calles Jacob y Bonaparte, en el barrio de Saint-Germain-des-Prés con mi carretilla llena de flores. Aproveché que ese lugar estaba menos vigilado que el mercado para vender mis flores y me detuve allí, aunque estaba algo inquieto. Ni diez minutos pasaron cuando dos policías se me acercan, venían de la calle Bonaparte. Aún no había vendido ni un solo ramo. Me preguntaron si tenía papeles de autorización para dedicarme a la venta de flores. Yo no tenía. Entonces, uno de ellos se acercó a la carretilla y de un puñetazo volcó todo lo que había. ¡Se me desparramaron todas las flores por el suelo!. Algunos coches me las aplastaban, otros trataban de esquivarlas…
En un momento oí que una anciana dijo: ¡Bravo, señores!. Ven, ustedes, si se hicieran eso cada vez, nos libraríamos pronto de esta chusma. ¡Bravo!. Pero después se acercó otra mujer, se inclinó, recogió unas flores y me pagó. No me dijo nada. Pero luego otra mujer hizo lo mismo, recogió una y me pagó. Todo en silencio. ¡Cómo quince mujeres me pagaron las flores que estaban tiradas en el piso!. A los policías parecía que no les gustaba lo que estaban viendo. Pasados diez minutos, ya no tenía ninguna flor en el suelo. ¡Había vendido todas!. Y fue allí, cuando los hombres me decidieron llevar al puesto de Policía… ¡Sólo soy un muchacho argelino que vive de la venta de flores!"

Historias de vida

De administrativa a asistente geriátrica y operadora en adicciones

María Cecilia M. tiene 48 años y es perito mercantil. Trabajó desde los dieciséis años en contadurías y empresas de electrodomésticos hasta que la echaron en el 2000. Realizaba tareas administrativas y de asesoramiento al cliente. Sin embargo, en el nuevo milenio decidió inclinarse hacia la parte “más humana” y comenzó a realizar cursos en la Red Asistencial de Buenos Aires (REDBA).
Vivió una niñez humilde. Los vecinos ayudaban a su familia dándoles alimentos cuando lo necesitaban. Por eso, a los dieciséis años comenzó a trabajar como administrativa para un estudio contable. En el 78 terminó la secundaria en una escuela vespertina. Había empezado como alumna regular pero luego tuvo que dejar porque su padre se enfermó. Las materias que le faltaban para recibirse las hizo libres. Así relató su experiencia: “Me preparé y me tuvieron bastante consideración porque si bien no llegaba a los conocimientos, me eximía en cada una de las materias”. Ella se considera a si misma con pocas aptitudes en lo contable. De esta manera, refuerza lo que los test vocacionales le apuntaban: “A mi me dijeron no servís para las matemáticas. No servís para contabilidad. No te metas en esto porque vas a ser un desastre. Ponete a coser, ponete a bordar y demás. Pero, si hubiera seguido en esa tesitura no hubiera sido nadie”.
Durante una gran parte de su vida su objetivo fue trabajar y ganar dinero para tener las cuentas al día y poder convertirse en una persona independiente. Con tal objetivo, no se interesó por formar pareja hasta no estar bien económicamente.
En los ochenta y noventa padeció en el trabajo las crisis económicas cíclicas del país. De esta manera, M explicó como sobrevivía: “Yo sentía que cuando no me aumentaban el sueldo porque las cosas estaban mal me dieron posibilidad de decir, bueno cumplís un horario y te vas. Pero yo tenía otros trabajos dentro de la misma empresa. Había jefes que eran contadores y me decían: ¿no querés venir a trabajar después de las seis, los feriados? Te pago muy bien. Entonces, a pesar que la empresa me pagaba hasta tanto que era poco como yo tenía los fines de semana que trabajaba, los feriados que trabajaba; con eso pude hacer muchas cosas: levantar deudas que es importante, mudarme en un departamento más cerca del trabajo, a tres cuadras. Es decir, tenía lo mío y podía mantener a mi casa materna. Yo me mudé a los 28 años porque necesitaba hacer cosas solas. Entonces, porque trabajaba llegué a una escala que estaba bien de ingresos. Yo venía a la madruga. Había colectivos. Y en el edificio me decían: ¡que bien que vivís que todos los fines de semana me voy por ahí y venís a la madrugada!. Eso te da la pauta que el otro supone que estás bien y vos estás trabajando… venías de trabajar. Pero ¡que bien la pasas, salís todos los fines de semana nunca parás! Y no tiene que ver con la verdad, la verdad era otra”.
A su actual pareja la conoció en Noblex, la última empresa de electrodomésticos en la que trabajó. A él lo echaron dos años antes, en 1998. En esos años, muchas personas perdieron su trabajo. M fue una de las pocas personas que se quedó. Entraba a las seis de la mañana y no sabía a que hora terminaba de trabajar. En esa situación, recordó como se notaba la ausencia de sus compañeros: “Yo estaba sola después de que echaron a mucha gente y tenía que recorrer todos esos pasillos que antes estaban llenos de personas que eran mis compañeros. Prendía las maquinas de ellos y me parecía estar entrando en sus dormitorios”.
Los últimos años en la empresa ella los vivió con mucho dolor: “Después de trabajar 20 años en una empresa y ver que se van 200 personas, que algunas deciden quitarse la vida, otras caen mal y están internadas. Ver todo eso y decir ¡que grande que fue esa persona que se pegó un tiro! y ver a su familia… Todo eso te hace recapacitar”. En el 2000, la echaron. Y fue en ese momento que decidió inclinarse a la “parte humana”. En el 2002, realizó el curso de Asistente geriátrico y dos años después, el de Operadora en adicciones. Ambos los hizo el la Red Asistencial de Buenos Aires (REDBA). Posee dos trabajos escritos publicados en la web. Uno de ello se titula: “La tercera edad, década del ‘90” y el otro, “Droga: un pequeño diccionario para conocer”. Actualmente, se encuentra trabajando en un Centro de Rehabilitación para drogadictos en Alejandro Korn.

sábado 22 de noviembre de 2008

El cuerpo y la ciudad: Introducción

“El cuerpo se mueve pasivamente, desensibilizado en el espacio, hacia destinos situados en una geografía urbana fragmentada y discontinua”.
Sennett, Richard

La modernidad ha trastocado todos los órdenes de la vida humana, imponiendo nuevas relaciones (empresario-obrero), así como también innovadores modelos de explotación y “ sumisión de los cuerpos”. En este periodo histórico determinado, se vislumbró las contradicciones que comprendía esta nueva manera de pensar y hacer. Sin profundizar esta afirmación, solo se dirá para nuestro fin que, trajo consigo una nueva dimensión, que se fue desarrollando, moldeando a través de las redes del capital y el trabajo: la ciudad “industrializada”; no solo a nivel productivo y económico, puesto que adquiere gran relevancia, la transformaciones en la “esfera social” -interrelacionada con las dos anteriores. Con respecto a esta última instancia, Williams se “opone a la manera base/ superestructura de formular las relaciones entre las fuerzas ideales y las materiales allí donde la base es definida como la determinación de lo económico, en un sentido simple”.
El presente informe, no aporta conocimientos sobre cómo se desarrolló el pasaje ( de la barbarie a la modernidad), sino más bien tiene como objetivo situarnos en el ojo del huracán: ¿ La modernidad cumplió con una de sus más apreciadas máximas: “ la liberación de los cuerpos”?. Para tratar de dilucidar esta cuestión, habría que encontrar ese punto arquimédico fuera de la contemporaneidad propiciado por Agnes Héller en el apartado “ De la hermenéutica en las ciencias sociales a la hermenéutica de las ciencias sociales”, mas a sabiendas que la contemporaneidad “sólo permite huidas ilusorias”, se tratará de, por lo menos, problematizar dicho interrogante.
A tal fin, se expondrán ciertos postulados, dando “voz” a algunos intelectuales y relacionándolos con tres fotografías de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que corresponden a tiempos diferentes, una de mediados del siglo pasado, otra de la década de los noventa, y la última, del actual, el veintiúno. ¿ Hubo cambios en la forma de concebir al otro que está tan cerca de uno ( al caminar por la calle) y a la vez tan lejos ( el desconocimiento de quién es y el desinterés por saberlo)?. ¿ Estamos en presencia de una “cultura cívica”, tal como la llama Sennett, que implique un destino entrelazado con los otros, como parecía que testimoniaban la Atenas de Pericles al París de David?. Y, a su vez, esta inmanencia del Iluminismo, en nuestro tiempo, parafraseando a Max Horkheimer y Theodor W. Adorno, que se afianza en los hechos y el cálculo, desplazando a todo mito, o más aún, a toda conciencia histórica que permitiera avanzar hacia una “ nueva sensibilidad”, en palabras de Herbert Marcuse: ¿nos conduce a que hoy la fragmentación y la individualidad se presente en cada sujeto, en cada caminante de la ciudad porteña, el cual en una actitud de desprecio, ingenuidad, desinterés, no llega a ver al otro, a su igual, dentro de su “ campo cognitivo y de interacción”?. De esta manera, estamos poniendo en tela de juicio, lo dicho en la cita introductoria... empero se expondrá en mayor detalle en los siguientes apartados.
A partir de estos interrogantes, se dará por comenzado este trabajo que se titula: El cuerpo en la ciudad: ¿estamos emancipados del entramado que obstruye la posibilidad de comunicarnos con los “otros”, nuestros “contemporáneos”?.